El quimerismo poético / El extranjero: dos textos de Vasile Baghiu
Dossier dedicado al escritor y poeta rumano Vasile Baghiu. Avance de Ágora-Papeles de Arte Gramático. Nueva Col. N. 42. Otoño 2026. / Literatura rumana / Ensayo breve
El quimerismo poetico (Agora 42)
Con este dossier reiniciamos la navegación de Ágora y del blog, donde se avanzarán, como es costumbre, las colaboraciones que se recogerán periódicamente (con tendencia bimestral) en los números de la revista durante el curso 2026-2027.
Presentamos
en Ágora dos textos de Vasile Baghiu: un breve
ensayo sobre el quimerismo poético, acompañado de un poema, El
extranjero, que dialoga de manera directa con las ideas desarrolladas en la
prosa bio-metapoética.
“He elegido este ensayo y este poema (informa su autor) pensando que a los
lectores españoles podría interesarles conocer cómo la experiencia vital de un
poeta del Este de Europa, en los últimos años del comunismo, pudo estimular la
creación de un territorio poético que no es solamente literario, sino también
existencial.
He incluido al comienzo unas breves líneas de presentación pensadas como
introducción editorial.”
EL QUIMERISMO POÉTICO Y EL EXTRANJERO: DOS TEXTOS DE VASILE BAGHIU. DOSSIER DEDICADO AL ESCRITOR Y POETA RUMANO VASILE BAGHIU
1
EL QUIMERISMO O LA POESÍA COMO IDENTIDAD ALTERNATIVA
Historia de una
idea poética, contada por su autor
El poeta y narrador rumano Vasile Baghiu,
cuyos poemas ya han sido publicados en las páginas de la revista Ágora,
formuló a finales de los años noventa el concepto de quimerismo poético,
a partir de una experiencia literaria y biográfica iniciada una década antes,
durante los últimos años del régimen comunista en Rumanía.
Siendo un joven enfermero en un sanatorio para enfermos
pulmonares y viviendo en un país donde la libertad de movimiento estaba
severamente limitada, Baghiu comenzó a imaginar en sus poemas una identidad
alternativa, Himerus Alter, capaz de viajar libremente por espacios
geográficos y épocas inaccesibles para el autor en la vida real. De esta
experiencia nació poco a poco una poética en la que la literatura ya no es solo
expresión de la vida vivida, sino también una posibilidad de ampliarla. El
viaje imaginario, la alteridad, la enfermedad, el aislamiento y la relación
entre la biografía real y la posible se convirtieron en elementos de la
concepción que el autor acabaría llamando quimerismo.
Vista hoy, esta idea nacida en un espacio cerrado de
Europa del Este adquiere una resonancia inesperadamente actual. La identidad
móvil, las existencias paralelas y el cruce de fronteras geográficas y
culturales, imaginados entonces como formas de libertad individual, entran en
un diálogo natural con la experiencia del mundo globalizado de nuestros días.
En el ensayo que publicamos a continuación, acompañado de
un poema ilustrativo, Vasile Baghiu reconstruye la historia de esta idea
poética, desde la necesidad de libertad y la aparición de Himerus Alter hasta
el momento en que los viajes imaginados en la poesía comenzaron a encontrarse,
tras la caída del comunismo, con la experiencia de la vida real.
El quimerismo o la
poesía como identidad alternativa
La necesidad de
libertad
Me he preguntado
a menudo por qué la poesía llegó a ocupar un lugar tan importante en mi vida.
Tampoco hoy creo tener una respuesta definitiva. Pero puedo contar algunas
experiencias que, vistas en conjunto y desde la distancia de los años, me
ayudan a comprender por qué la escritura se convirtió para mí en algo más que
una preocupación literaria y cómo nació lo que, más tarde, acabaría
llamando quimerismo poético.
No empecé a
escribir para crear una teoría, ni imaginé que llegaría a formular un
manifiesto. La teoría vino mucho después. Al principio hubo una necesidad muy
sencilla y, al mismo tiempo, muy poderosa: la necesidad de libertad.
Era joven en un
tiempo en que la libertad misma estaba gravemente herida. En la Rumanía de los
años ochenta, la última década de la dictadura comunista, la posibilidad de
viajar fuera del país era casi inexistente para la mayoría de la gente. El
mundo occidental que descubría en los libros, en las revistas que llegaban con
dificultad hasta nosotros o escuchando emisoras de radio extranjeras parecía
muy lejano. No era solo una distancia geográfica. Era la sensación de que entre
uno mismo y el mundo existía una frontera que no se podía cruzar.
Para mí, esta
situación tenía un significado especial, porque desde la infancia la lectura
había sido una forma de viajar. Los libros me habían mostrado muy pronto que el
mundo era mucho más grande que el lugar en el que vivía. Me atraían las
ciudades lejanas, las personas de otros países, su manera de hablar y de
organizar sus vidas, los paisajes que nunca había visto. Cuando cerraba un
libro, a veces tenía la sensación de que regresaba de algún lugar. Aquel mundo
no desaparecía con la última página. Permanecía en mí y modificaba, casi
imperceptiblemente, el mundo inmediato.
Probablemente
aquí se encuentre una de las raíces lejanas del quimerismo. La lectura me había
proporcionado la experiencia de una primera identidad móvil. Podía permanecer
en el mismo lugar y, sin embargo, habitar durante unas horas otro mundo. Mi
propia vida parecía prolongarse en las vidas de las que leía.
Más tarde, esta
disposición iba a encontrarse con la realidad de un país cerrado. Y fue
precisamente entonces cuando la imaginación empezó a significar para mí algo
más que ensoñación o refugio.
